La picota en la ciudad de Jaén. Desde los tiempos del Reino de Castilla a los albores del siglo XX Antonio Muñoz Aunión / Pedro Quesada López

Breve contexto histórico

La promulgación de la Constitución de 1812 supuso el inicio de un periodo en la codificación jurídica española basado en la progresiva asunción en el Ordenamiento jurídico español de una serie de principios tales como la seguridad jurídica, la igualdad ante la ley y la exclusividad de la jurisdicción (entre otros) propios de un Estado moderno y de derecho[1].

El artículo 248 de la Constitución de 1812 conllevó la unificación de todos los fueros jurisdiccionales (incluyendo el penal)[2]. Ello claramente contrasta con la justicia penal del antiguo régimen, caracterizada por la abundancia de jurisdicciones en función del estamento con límites poco definidos y falta de un organigrama claro. 

Uno de los aspectos que el constituyente de Cádiz intentó remediar, en pos de avanzar hacia una justicia penal más humana y moderna fue el Decreto CCLVIII, de 26 de mayo de 1813, por el que se mandan quitar todos los signos de vasallaje que hubiere en los pueblos, en virtud del cual “los ayuntamientos de todos los pueblos procederán por sí (…) a quitar y demoler todos los signos de vasallaje que haya en sus entradas, casas capitulares o cualesquiera sitios, puesto que todos los pueblos de la nación española no reconocen ni reconocerán jamás otro señorío que el de la Nación misma, y que su noble orgullo no sufriría tener a la vista un recuerdo continuo de su humillación[3].

El afán de las Cortes de Cádiz se orienta, de tal modo, hacia los llamados rollos de justicia o picotas, como símbolo de la aplicación de la pena capital y resto de penas corporales consolidado en la justicia del antiguo régimen.

Tras la conquista de Jaén por el Rey Fernando III de Castilla y León el 28 de febrero de 1246 tras largos años de asedios fallidos y la firma del Pacto de Jaén por el primer rey nazarí de Granada Alhamar, el Reino de Jaén pasa a formar parte de Castilla  y se establecen las fronteras del Reino de Granada que iba a perdurar durante dos siglos. Una de las consecuencias iba a ser la instauración de los “rollos” o “picotas ¨ que solo podían tener las ciudades con jurisdicción de pena capital, como medio de castigo corporal y de ejecución con arraigo en Castilla la Vieja y León[4]. Al Rey le correspondía ¨ justicia, moneda, fonsadera e suos yantares. ¨ La picota de la ciudad de Jaén no será la única de un Reino – provincia donde incluso hoy día los núcleos poblaciones son muy importantes y conservan vestigios de esta atávica pena bajo distintas denominaciones, por ejemplo, Cruz de los Colgados en Villanueva del Real[5] o la cruz de los ganchos en Villanueva de la Reina[6].

Ciertamente, de esta forma se evita la brutalidad de castigos improvisados como fue el caso de los hermanos Carvajal, a pocas leguas de la ciudad de Jaén, en Martos donde caballeros y comendadores de la Orden de Calatrava y servidores del Rey Fernando IV de Castilla fueron condenados a muerte de manera injusta por el propio rey en 1312 y arrojados desde la cumbre o peña de esta villa, y que dio lugar en la cultura popular a lo que se conoce como la Cruz del Lloro, símbolo de verdadera justicia, solo visible para los justos de corazón, marcando el lugar a los píes de la peña, donde la jaula con los cuerpos de los ajusticiados llegó a detenerse. (vid. Ilustración, infra)

Ubicación


La localización de la misma en la ciudad de Jaén es fácilmente rescatable tanto por la existencia de referencias bibliográficas [7]e inclusive toponímicas, el conocido barrio jiennense de Belén (Loma del Royo), como por el hecho de que el pintor  Antonio Vanden Wingaerde [8]con ocasión de las adelantadas obras de la catedral de Jaén iniciadas por el maestro Andrés Vandelvira y la transformación de la ciudad en un potente núcleo poblacional y político para la España imperial, firmase un grabado con una extraordinaria perspectiva, desde una colina cercana al ejido de San Roque, de la ciudad perimetrada por sus murallas donde se puede observar en dirección Este, la Loma del Royo, enfrentado a esta se encuentra el Cerrillo de la Misericordia donde se reunían los familiares, amigos, cofrades y clérigos, entendemos que también habría su proporción de curiosos y similares, a lo que se añade que por allí discurriera una de las grandes Cañadas Reales, la Cañada Conquense que une Sierra Morena con los Montes Universales con un ancho de 25 varas castellanas, alrededor de 20 metros, de lo que deducimos que algunas de las ejecuciones y castigos corporales fueran multitudinarios. Incluso el Rey Felipe II que no solía abandonar el Palacio del Escorial tuvo ocasión de pernoctar en Jaén con ocasión del alzamiento morisco en 1570. [9]

Los rollso y picotas de Jaén han sido varios, distribuídos estratégicamenteentre los caminos más transitados con los que se accedía a la ciudad. Posiblemente la más antigua haya sido la de la Cruz del Posito, ubicada por la historiografía en la plaza del mismo nombre en la actualidad. Aún se conserva en su primitivo asentamiento una columna que sustituyó a la picota original. La otra estaría ubicada en el ejido de Belén, conocida tradicionalmente como “Loma del Rollo”, ubicada donde hoy estaría la Plaza de Belén[10].

El rollo o picota de Jaén situado en la loma tenía por frente la Puerta Barrera y estuvo situado allí, en lo que posteriormente se conocería como Barrio de San Roque, a pesar de que las Cortes de Cádiz aboliera esta figura en 1813 que sustituida por el garrote vil a manos del rey Fernando VII hasta la Constitución de 1978[11].  De ahí paso a la cárcel provincial de Jaén que la aplico en 1913 en el conocido proceso de los hermanos Nereo de Porcuna pese al clamor popular por el indulto. [12]

Sin embargo, no sería este el primer enclave para la realización de ejecuciones en la ciudad, así el anónimo Romancero de Jaén nos relata un duelo entre dos caballeros con final trágico en torno a una picota anterior intramuros en lo que se conoce como la Plaza del Pósito y una columna toscana allí erigida [13].

A modo de señal, la picota y una cruz de humilladero era lo primero que divisaban los viajeros al acercarse a la ciudad por esta dirección. La estructura, véase, infra, de estilo gótico estaba constituida por una base de peldaños circulares y una columna con capitel con moldura donde se colocaban los despojos del condenado por un pináculo.

Uso de la plaza de Belén como cadalso posterior

Si bien los rollos y picotas fueron perdiendo su uso como lugar de humilladero o exposición de restos humanos amputados o desmembrados tras las ejecuciones, el Rollo del ejido de Belén continuó usándose como sede cadalso para la práctica de ejecuciones públicas[14].

En 1849 los hermanos Silvestre y Juan Melero Ocaña, asesinos de don Ramón Calvo de Tejada y Valenzuela, Conde de la Puebla de los Valles. Secretario de su Majestad D. Fernando VII, es una persona influyente en la corte y socio del Casino Español y de la Real Sociedad Económica y asiduo de las tertulias políticas del Jaén del XIX.

El asalto ocurrió la noche del 5 de octubre de 1.848, cuando embozados le salen al encuentro al salir de su casa y cerrándole el paso lo acribillan a puñaladas, y dándolo por muerto abandonan Jaén, para dirigirse de nuevo a sus cortijos del Villarbajo. Un asesinato que causó gran conmoción en el Jaén isabelino por la condición de la víctima. No hubo perdón, fue una ejecución pública con exposición de los cadáveres hasta el anochecer, propia de la represiva y ejemplarizante España conservadora y reaccionaria del siglo XIX. [15].

Tres años antes de cambiar de siglo, se produciría la última ejecución pública en la ciudad, Manuel Serrano Arévalo (alias “El Tigre”), un joven alcalaíno de 25 años que había dado muerte a su padre, fue llevado desde la cárcel hasta el cadalso a lomos de un borrico con hábito y gorro del mismo color[16].

A partir de ese momento, se producirían  otras ejecuciones pero ya dentro de los muros de la prisión provincial, si bien el número de ejecuciones se redujo considerablemente. Destacarían a modo ejemplificativo la de Antonio Martínez Nereo, natural de Alamedinilla (Córdoba) a las 8 de la mañana del 30 de septiembre de 1915 en el patio de la cárcel de Jaén por asesinar a dos guardias civiles en Porcuna; o el 12 de febrero de 1924 a Juan de Dios Jurado Ortega, natural de Canena, por matar a cuatro personas y borrar las huellas echando sus cadáveres a los cerdos.

Plaza de Belén en la actualidad

Dibujo de la picota de Jáen por Anton Van Dem Wyngaerde

Plaza del pósito en la actualidad

Cruz del Pósito a principios del siglo XX. Posible picota. Fuente. Sánchez Tostado (op.cit.), p. 128

BIBLIOGRAFÍA

Eslava Galán, J., Verdugos y torturadores, Temas de Hoy, Madrid 1991

Galera i Monegal M. Antoon van den Wijngaerde, pintor de ciudades y de hechos de Armas en la Europa del Quinientos. Barcelona: Fundación Carlos de Amberes

Haverkamp-Begemann E. The Spanish Views of Anton van den Wyngaerde. Master Drawings. 1969; 7(4)

Puyol Montero, J.M., “La abolición de la pena de horca en España”, Cuadernos de Historia del Derecho, nº ,91-140. Servicio de Publicaciones. UCM. Madrid, 1997

Quesada López, P.M., “La abolición de la tortura y la introducción de las garantías procesales penales con la Constitución de 1812”, Revista Aequitas: Estudios sobre historia, derecho e institucionesnº. 10, 2017

Sánchez Tostado, L.M. “Historia de las prisiones en la provincia de Jaén. 500 años de confinamientos, presidios, cárceles y mazmorras”, Editorial Jabalcuz, Torredonjimeno 1997


[1] Quesada López, P.M., “La abolición de la tortura y la introducción de las garantías procesales penales con la Constitución de 1812”, Revista Aequitas: Estudios sobre historia, derecho e institucionesnº. 10, 2017, p. 81.

[2]En los negocios comunes, civiles y criminales no habrá más que un solo fuero para toda clase de personas”. Debe tenerse en cuenta el Decreto CCLXXVII de las Cortes de Cádiz de 6 de agosto de 1811, por el que quedaban incorporados a la Nación todos los señoríos jurisdiccionales (art. 1) y se buscaba un sistema de nombramiento de las justicias y demás funcionarios similar a las villas de realengo.

[3] Visto en Biblioteca virtual Miguel de Cervantes, http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/coleccion-de-los-decretos-y-ordenes-que-han-expedido-las-cortes-generales-y-extraordinarias-desde-24-de-febrero-de-1813-hasta-14-de-setiembre-del-mismo-ano-en-que-terminaron-sus-sesiones-comprende-ademas-el-decreto-expedido-por-las-cortes-extraordinarias-/html/0027cd54-82b2-11df-acc7-002185ce6064_95.html , el 15 de mayo de 2021.

[4]La “picota” es una columna de piedra destinada a la ejecución pública de los delincuentes, es decir, destinada a exponer a la “vergüenza pública” a todo aquel que había cometido una infracción a la ley, y constituía una de las penas leves que contemplaba el “Código de las Siete Partidas”, el texto jurídico más importante de derecho castellano (ley 4, tít.31, Partida VII: “cuando condenan a alguno a que sea azotado o herido públicamente por yerro que hizo o lo ponen por deshonra de él en la picota, o lo desnudan haciéndole estar al sol untado de miel porque lo coman las moscas alguna hora del día”) como señala Eslava Galán, J., Verdugos y torturadores, Temas de Hoy, Madrid 1991, p. 125; aunque también era el lugar donde, con una finalidad ejemplarizante, se exponían los restos de los ajusticiados, circunstancia que nos indica que normalmente las picotas se situaban a las afueras de los pueblos. El “rollo”, por el contrario, aunque podía servir a los mismos menesteres que la picota, era simplemente la expresión del poder señorial, de la autoridad del señor, constituyendo un signo de vasallaje y de subordinación de los habitantes de un lugar; de ahí que el sitio destinado a su emplazamiento solía ser el centro del pueblo. http://www.pelayospresa.es/htm/rollo_picota.htm#:~:text=El%20rollo%20o%20picota%20de%20Pelayos%20guarda%20un,a%20las%20afueras%20del%20pueblo%20como%20las%20picotas. Consultado 10 abril 2021

[5] En esta villa el privilegio del Rollo y la Horca es concedido por Carlos IV en fecha tan tardía como el 11 de noviembre de 1790.

[6] Sánchez Tostado, L.M. “Historia de las prisiones en la provincia de Jaén. 500 años de confinamientos, presidios, cárceles y mazmorras”, Editorial Jabalcuz, Torredonjimeno 1997, p. 129.

[7] Diccionario Geográfico – Estadístico de Pascual Madoz publicado entre 1845 y 1850

[8] Dibujante paisajista flamenco del siglo XVI, que recorrió España a partir de 1561, dibujando una colección de sesenta y dos vistas, detalladas y meticulosas, de pueblos y ciudades, por encargo de Felipe II, a cuyo servicio estaba desde 1557 y que entedemos sirvió como catastro de la realidad de la península. En más detalle, en lengua castellana, Galera i Monegal M. Antoon van den Wijngaerde, pintor de ciudades y de hechos de Armas en la Europa del Quinientos. Barcelona: Fundación Carlos de Amberes; 1998. En ingles, Haverkamp-Begemann E. The Spanish Views of Anton van den Wyngaerde. Master Drawings. 1969; 7(4):372-99.

[9] Es reseñable indicar que a partir de la promulgación de una pragmática del rey Felipe II en 1569, el reo podía escuchar misa en la cárcel y comulgar -siempre y cuando contara con la autorización y permiso del confesor-el día anterior al ajusticiamiento. Pragmática de 17 de marzo de 1569, dictada por Felipe II en Madrid, en Novísima Recopilación  L. I, T. I, L. IV. Citado de García Guerrero, D.; La Pena de muerte en España. Desde finales del antiguo régimen hasta la democracia. Facultad de ciencias sociales y jurídicas. Universidad de Jaén. 2016 p. 8. Pero como alerta Sánchez Tostado, L.M. “Historia de las prisiones en la provincia de Jaén”, op. Cit. p. 517, en las horas previas a la ejecución de la última pena los sentenciados no sólo eran asistidos espiritualmente sino agasajados con todo aquello que no se le había permitido durante su cautiverio como vino, comida, tabaco, visitas de amigos e incluso otro tipo de agasajos.

[10] Sánchez Tostado, L.M. “Historia de las prisiones en la provincia de Jaén”, op. Cit., pp. 125-126.

[11] En virtud de Real Cédula de 28 de abril de 1832, promulgada con motivo del cumpleaños de María Cristina de Borbón-Dos Sicilias. A principios del siglo XIX se utilizaban en España tres métodos principales de ejecución de la pena capital: la horca, el garrote y el arcabuceamiento’. La Novísima Recopilación, en su Libro XII, con el epígrafe “De los delitos, y sus penas, y de los juicios criminales”, recogía algunos delitos a los que cabía aplicar como pena capital la ordinaria de horca. Vid. Puyol Montero, J.M., “La abolición de la pena de horca en España”, Cuadernos de Historia del Derecho, nº ,91-140. Servicio de Publicaciones. UCM. Madrid, 1997, p. 95.

[12] https://www.centrodeestudiosandaluces.es/publicaciones/descargar/681/documento/1377/AH40.pdf.

[13] La Cruz del Pósito posee en su parte inferior un rollo de piedra y sobre él, una pequeña base, y sobre estas el fuste de una columna bien labrada rematada con un sencillo capitel y sobre éste una bola de la que surge la cruz de hierro. Antes de la expansión de la ciudad, la muralla terminaba en la Puerta de Santa María, en lo que hoy es la Plaza del Pósito, inicio del camino para salir de Jaén en dirección a Baeza y Andújar.

[14] [14] Sánchez Tostado, L.M. “Historia de las prisiones en la provincia de Jaén”, op. Cit., pp. 133 y ss., principal fuente empleada en la redacción del presente epígrafe.

[15] Manuel López Pérez. Las Cartas a D. Rafael. “Crimen y Castigo”, pag. 335. Ayto. de Jaén, 1.991.

[16] El Código penal de 1870 abordaba en sus artículos 102 y 103 estas especialidades de publicidad y forma a la hora de administrar la pena capital: “Art. 102. La pena de muerte se ejecutará en garrote sobre un tablado. La ejecución se verificará á las 24 horas de notificada la sentencia, de dia, con publicidad, y en el lugar destinado generalmente al efecto, ó en el que el tribunal determine cuando haya causas especiales para ello. Esta pena no se ejecutará en días de fiesta religiosa ó racional. Art. 103. Hasta que haya en las cárceles un lugar destinado para la ejecución pública de la pena de muerte, el sentenciado á ella, que vestirá hopa negra, será conducido al patíbulo en el carruaje destinado al efecto, ó donde no lo hubiere, en carro”. Sobre esta forma de ejecución véase, http://www.gbv.de/dms/sub-hamburg/818155019.pdf, p. 134.

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